La sostenibilidad en la agricultura chilena comienza bajo la superficie. En un escenario marcado por sequía, degradación de suelos y mayor presión productiva, la salud del suelo se está transformando en uno de los factores más determinantes para mantener la productividad agrícola.
Durante décadas, muchos sistemas productivos priorizaron el rendimiento inmediato mediante fertilización intensiva y labores mecánicas frecuentes. Sin embargo, estas prácticas también han generado efectos como pérdida de materia orgánica, compactación y menor actividad biológica en los suelos agrícolas.
Hoy el enfoque está cambiando hacia una agricultura que no solo produzca más, sino que también conserve y regenere el suelo.
El suelo como motor de la productividad
Un suelo sano es capaz de retener agua, almacenar nutrientes y sostener una intensa actividad microbiana. Estos factores influyen directamente en el desarrollo radicular y en la capacidad de los cultivos para enfrentar estrés hídrico o climático.
En zonas agrícolas como Maule, Ñuble u O’Higgins, mejorar la estructura del suelo se ha vuelto clave para mantener la eficiencia del riego y la productividad de cultivos frutales y extensivos.
Prácticas como cultivos de cobertura, incorporación de materia orgánica y reducción de la labranza están ganando espacio como herramientas para recuperar la fertilidad del suelo.
Tecnología para entender el suelo
La agrotecnología también está comenzando a jugar un rol importante en este proceso. Sensores de suelo, análisis microbiológicos y plataformas digitales permiten monitorear variables como humedad, carbono orgánico o actividad biológica.
Instituciones como el Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) han impulsado proyectos orientados a mejorar el manejo sostenible de suelos agrícolas, combinando investigación científica con herramientas tecnológicas aplicadas al campo.
Esta información permite tomar decisiones más precisas sobre fertilización, manejo del riego y estrategias de regeneración del suelo.
Sostenibilidad como ventaja productiva
Además de mejorar la productividad, un manejo sostenible del suelo también fortalece la competitividad del agro chileno. Los mercados internacionales están valorando cada vez más prácticas agrícolas responsables, incluyendo la reducción de huella de carbono y el cuidado de los recursos naturales.
En este contexto, producir alimentos manteniendo la salud del suelo no solo es una necesidad ambiental, sino también una estrategia de largo plazo para la agricultura chilena.
Reflexión iAgri
Si el suelo sostiene toda la producción agrícola, ¿lo estamos manejando como un recurso renovable o como un recurso que se agota?

